sábado, 11 de enero de 2014

Arquitectos: ¿del mañana?

¿Es cierto que una una de las profesiones más castigadas por la crisis es es la de arquitecto? ¿Qué futuro les (nos) espera a los arquitectos del mañana? La inminente Ley de Servicios y Colegios Profesionales supone el fin de la disciplina? Apunto ideas dando, como siempre, un punto de vista particular

Vaya por delante que soy arquitecto y sí, la crisis me ha afectado, y mucho, como a infinidad de compañeros. Pero desde el principio afirmaba, en parte por deseo de que se hiciera realidad, que era una buena oportunidad para mejorar, reinventarse y afrontar más sólidamente el futuro. Quizá haya tenido algo de fortuna, o quizá la haya buscado detrás de cada esquina, pero hoy continúo pensando lo mismo y aún con más convencimiento. 

Desde esta visión me parece estéril la posición adoptada por nuestros supuestos representantes, los colegios de arquitectos, en una defensa radical de las ya antiguas reservas de actividad. Sin entrar en el contenido de la LSCP, tener una titulación hoy en día no da nada, ni asegura un nivel mínimo de calidad. Hay que demostrarla con la práctica, y esa es la auténtica cualificación. Recordemos a Don Quijote luchando contra los molinos...

El sector inmobiliario es y va a ser mucho más complejo de lo que era cuando se pensó el modelo gremial español, e incluso nuestra legislación. Antes un único individuo podía dominar las normativas, técnicas y costumbres de la profesión, y quizás esos conocimientos se adquirían en seis años. Hoy cualquier negocio es una suma diversa y horizontal de competencias inabarcables para una sola persona plenipotenciaria. Y de esto nada he oído a nuestros decanos. 

En su afán por aferrarse a formas de trabajar a extinguir la estrategia colegial ha perdido su legitimidad y, en mi opinión, la posibilidad de recuperar la confianza de los primeros afectados, los propios arquitectos, quienes sin embargo nos vemos obligados a colegiarnos. Siento, y ojalá me equivoque, que los colegios obvian las infinitas formas de aplicar y ampliar los conocimientos adquiridos en la universidad: hoy en día un buen profesional necesita saber no solo construcción o proyectar magníficos auditorios, sino también (y mejor)  más gestión de equipos, negociación, conceptos financieros, gestión de clientes, mercados internacionales, resolución de conflictos, etc. 

Este vacío formativo está relegando a muchos a una posición cada vez más esquinada dentro del sector, y contribuye a que perdamos el prestigio que antaño sí tuvimos. Las universidades, a veces con buena intención siguen formando a jóvenes escasamente orientado hacia el futuro, insistiendo en la base proyectual durante interminables años, que se deducen de la práctica profesional (y de la cotización cotización a la seguridad social). Por supuesto que nuestra chispa distintiva es y debe ser esa magia de la buena arquitectura, esa vibrante sensación que aporta el arte construido, no solo el de las grandes obras singulares, sino también el de los pequeños encargos que la inmensa mayoría afronta. Pero este artículo no va sobre la arquitectura, sino sobre los arquitectos. Y la arquitectura no (solo) la hacen los arquitectos. 

Para aplacar las ganas de asesinarme que les habrá entrado a muchos colegas, diré sinceramente que creo profundamente en nuestra capacidad de trabajo, nuestra peculiar capacidad de adaptación y la diversidad de nuestra disciplina. Esa ha de ser la base de lanzamiento para el futuro, nuestra mejor ventaja. Porque por mucho que se quiera frenar, la competencia va a ser más y mejor preparada, pues nuestro sector es más amplio de lo que creemos. Veo positivas las agrupaciones pluridisciplinares de profesionales que, sin invadir competencias y apoyándose en sólidos valores éticos y profesionales, hacen crecer el prestigio del sector y a sus miembros. Este modelo, el estándar en otras geografías, acabará imponiéndose por lógica lógica evolutiva. Cuanto más tardemos, peor.

Igual de necesario veo el insistir en la formación constante, especialmente en saber predecir necesidades y en la práctica leal y ética. Y algo que nunca nos ha faltado: ganas de trabajar, trabajar, trabajar. Sigo considerándome arquitecto. Puede ser que algunos piensen que no lo soy, o no lo merezca. A todos, suerte y gracias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario